Dentro y fuera

“Para vosotros, que comentáis los partidos desde fuera, a lo mejor no; pero para nosotros, que estamos dentro, este equipo merecía llegar a la final de la Champions”

Tras la eliminación en la Copa ante el Valladolid, Roberto Carlos apuntó –y disparó– a los suplentes. Dijo que les había faltado hambre. Anoche, tras caer en Delle Alpi con los titulares (o, para mayor precisión, con los “inamovibles”), al brasileño sólo se le ocurrió tirarse besos. Un epitafio surrealista para un partido metafórico que reveló, precisamente, la falta de hambre de un equipo saciado.

Anoche, millones de personas en todo el mundo creyeron ver (“desde fuera”, pobres) un equipo acomodado y conformista, con menos hambre aún que esos tiernos pavones para los que no existe un mañana. Puro espejismo. Menos mal que Roberto Carlos, de vez en cuando, abandona su burbuja privilegiada para graduarnos a todos las lentes.

Tampoco supo perder Eto´o el pasado martes. Lo leí ayer en El País:

“Mourinho es un impresentable´, dijo Eto´o, tajante (…) Pero aún no se había desahogado del todo. Rodeado de micrófonos, vio pasar a Drogba y no dejó pasar la oportunidad. “Didier”, le interpeló, “no jugáis al fútbol. El fútbol es disfrute y no lo que hacéis vosotros. Todo es culpa de vuestro entrenador”. Después, prosiguió: “Si este equipo gana la Liga de Campeones, es para reirse. Es de locos”. “El Chelsea tiene grandísimos jugadores y dinero, pero sólo juega atrás y eso no es fútbol. El fútbol es para disfrutar`”. (Luis Martín / El País)

Poco respeto para un equipo que, sin sus dos jugadores más ofensivos (Robben y el propio Drogba) le hico cinco goles al Barça en 180 minutos, tres de ellos en sólo 17 y que jugó una cuarta parte de la eliminatoria en inferioridad numérica. El Chelsea también cardó su lana.

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