Ese trauma, ese odio (2)

Personas sin palabra, por desgracia, hay muchas. Traidores, afortunadamente, algunos menos. El Barça ha sufrido, a lo largo de su historia, el desprecio de jugadores que han vendido su alma al mejor postor. Futbolistas indiferentes a los sentimientos de los aficionados que han preferido el color del dinero al del uniforme blaugrana. El último caso –y posiblemente el más doloroso– fue el de Figo. El portugués alcanzó el grado superior de mezquindad cuando, pocas horas antes de lanzarse a los brazos de Florentino Pérez, besaba sin el menor rubor el escudo del Barça. Los culés nunca se lo han perdonado. No tanto por el hecho de haber ido al Real Madrid –que también– sino por traicionar su cariño y su confianza.
[Lluis Mascaró, grado superior de bilis, en Sport]

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