Qué bueno es el Barça, qué malo es el Madrid (16)

Josep Prats copia y pega su “artículo” de siempre y lo actualiza con el nombre de Fabio Capello. Se habrá herniado.

Mientras el ambiente del Camp Nou es plácido hasta el extremo de que los jugadores aceptan las rotaciones; es decir, no se quejan si no les toca jugar; mientras Rijkaard gestiona y dosifica la plantilla sin tensiones aunque le toque quedarse en el banquillo a Puyol, o a Deco, que tiene muchos números para descansar mañana ante el Racing, en el Bernabéu el ambiente está que arde. Rijkaard dialoga con sus jugadores, exprime su sistema para que la presión que se espera que haga el Racing sobre el Barça no asfixie la creatividad blaugrana, y Capello va pegando gritos, desesperado, hasta el extremo de decirle a sus jugadores que son un desastre como grupo. Esta es la distancia que hay ahora mismo entre Barça y Madrid. Una ventaja que el grupo de Rijkaard ha conseguido en sólo tres temporadas. La gran diferencia es que cuando llegó el cambio, el Barça, con un presente desastroso, apostó por un proyecto, apostó por el futuro, no por conseguir resultados inmediatos. El Madrid apostó por Capello para invertir en pocos días la dinámica perdedora, para acabar con el poder del Barça con la mano dura de su sargento de banquillo. Apostó por el marcador y no por un estilo. En su debut en la Champions quedó demostrado que ésta es una mala estrategia. El talonario no es fórmula para forjar un equipo ganador en cuatro días. Los hombres de Rijkaard tienen perfectamente asumido cómo deben jugar. Los de Capello, lo que tienen es una empanada mental hasta el extremo de que Cannavaro, el defensa más sólido del Mundial, falló como un principiante en Lyon. Thuram, en cambio, disfruta como nunca en el Barça. Otro contraste. Mientras los blaugrana intentan regalar su mejor fútbol para que el Camp Nou disfrute, los blancos piden perdón a su afición. Mientras los blaugrana dan una lección de actitud en cada partido, Emerson, en una entrevista a Marca, les dice a sus compañeros que para ganar hay que correr.

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