La mejor noticia de la historia

Mañana se cumple un año desde la célebre portada con la que Marca reinventó el verbo ‘robar’ y acabó con la presidencia de Ramón Calderón. Con motivo de tal onomástica, no deberían impartirse clases en las facultades de periodismo. En su lugar, se celebraría en el campus un día de homenaje a la figura del hombre que hizo posible semejante hito, Eduardo Inda. Como San Canuto, pero con drogas más duras.

¿Y quién mejor que el propio Inda para glosar aquella gesta informativa? Hoy, en su imprescindible columna Los puntos sobre las íes, el director de Marca nos recuerda a todos la precisión de aquella maravilla de la ingeniería periodística. ¿Creeis que me estoy pasando con las hipérboles? Pues aún no habéis leído a Inda. La realidad supera a mi pobre imaginación.

“¿Cuándo tiramos palante?”. Media tarde del lunes 5 de enero de 2009. Me dirijo con mis hijos a La Cabalgata cuando suena al otro lado del hilo telefónico la modulada voz del siempre modulado subdirector de MARCA. Juan Ignacio Gallardo me pregunta el Día D y la Hora H de una investigación que nos había consumido iba ya para cuatro semanas. El gato estaba en el zurrón, que diríamos en jerga calderoniana. […] “Volved a comprobar nombre a nombre, tío a tío, todo, absolutamente todo”, fue mi tan precisa como ciertamente obsesiva instrucción. Pocas veces habrá habido en la historia del periodismo una información más y mejor contrastada. Al punto que no pudieron discutirnos una mísera coma cuando, desafiando las más elementales leyes de la superstición, el martes y 13 salimos a toda pastilla con el titular “Calderón robó la Asamblea”.

Juan Ignacio Gallardo y Miguel Serrano consiguieron el no va más, lo nunca visto: que el nivel de acierto fuera del 100%. No nos equivocamos en un solo nombre, en un solo número, en una sola foto, por dar en el clavo, dimos requetebién ficha incluida hasta la condición de socio del Atlético de Madrid de Enrique Hours, uno de los falsarios que se hizo pasar como compromisario para votar las cuentas de El Trampas. Aquel ejercicio de periodismo libre acabó con la etapa más negra de un madridismo desgraciadamente acostumbrado a ver posar sus reales sobre la poltrona de Bernabéu a personajes de la catadura de Lorenzo Sanz o el interfecto.

Si el hombre que intentó presuntamente dar el pego con un pagaré ful de 10.000 millones de dólares fue nocivo para la imagen del mejor club de la historia, de calamitoso y/o inempeorable cabe calificar el paso de un Ramón Calderón que entró en los santos lugares blancos cual elefante en cacharrería. Llegó colando votos falsos en la candidatura de ese presidente usurpado que fue Villar Mir [nota del blogger: el segundo candidato más votado no fue Villar Mir, sino Juan Palacios], permaneció a caballo de la chapuza, el ridículo y los más variopintos escándalos y tuvo que poner pies en polvorosa manchado por la corrupción pura y dura.

El último mes horribilis que el susodicho le dedicó al madridismo fue de chupa de dómine. A saber: comenzó con una Asamblea en la que sus ultramatones se dedicaron a amedrentar al personal, continuó con la injusta destitución de Bernardo Schuster, prosiguió con el varapalo del Camp Nou, se enredó con la Champions Chapuza y se desenredó con un atraco asambleario que a la postre dio con sus huesos en la calle.

Es difícil por no decir imposible acumular tanto descrédito en tan poco tiempo, mancillar tanto el buen nombre de tantos como millones componen la gran familia vikinga. Así estaba el Madrid hace un año: desprestigiado, humillado, fichando por razones espurias a petardos tipo Huntelaar [nota del blogger: Inda obvia que también se fichó a su admiradísimo Lass y el olvido no parece casual],  haciendo el panoli de la forma más espantosa con Cristiano [una nota más: Inda ha acusado a Calderón varias veces de lo caro que salió Cristiano, luego le reconoce como autor de la operación, aunque ahora se la quiera atribuir a Florentino] y recibiendo noes a tutiplén cada vez que iban a por un crack cosas veredes.

Hoy, un año menos un día después, el madridismo puede cantar con orgullo aquello de Presuntos Implicados: “¡Y cómo hemos cambiado!”. La entidad fundada por Juan Padrós ya no circula por Europa como un bulto sospechoso, mal que nos pese a los periodistas no sale a escandalazo diario, la sombra de la sospecha de los sobre-cogedores [nota del blogger para torpes: dícese de los que cogen sobres, o sea, los corruptos] ni está ni se la espera, no se ficha compulsivamente en el mayor paraíso fiscal de la UE (Holanda), dispone de la mejor plantilla del mundo porque ficha a los Di Stéfano de la posmodernidad y ese intangible bien que es el señorío ha vuelto por sus lares.

Peloteramente hablando las cosas podrán salir bien, mal o regular pero nadie podrá discutir a los actuales barandas madridistas el mérito de haber recuperado el prestigio perdido. Juan Merengue sabe que su patrimonio está a buen recaudo y que ese mix de austeridad y modestia que sacralizó Don Santiago ha vuelto a presidir el devenir diario de la sociedad deportiva más admirada del planeta. La cúpula merengue ya no va de nada, se limita a pensar en grande como hizo el más grande presidente de todos los tiempos a la espera de que las semillitas germinen sobre el terreno de juego.

En lo futbolístico a Florentino Pérez sólo le queda cruzar los dedos para que la pelotita entre en una apuesta al todo o nada que la masa social nunca le agradecerá lo suficiente. Máxime teniendo en cuenta que en este envite el empresario más importante de este país tiene ya poco que ganar y mucho que perder. Y en lo social ha de articular los mecanismos legales para impedir que el club vuelva a ser pasto de los desaprensivos de turno. Todo lo cual pasa, para empezar, por expedientar y si es menester que, visto lo visto, lo será expulsar de la casa al tramposo de Don Ramón. En estos dos envites se juega ser o no ser el Bernabéu del siglo XXI. Ahí es nada.

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  1. Rafael 21 Enero, 2010