Hace unos meses, Alfredo Relaño emuló fugazmente a Eduardo Inda y nos regaló un vídeo de ocho minutos en los que desgranaba las líneas maestras de su gran invención periodística de los últimos años: el ‘Villarato’ o, en sus propias palabras, la “inclinación de los árbitros a favor del Barça”.
Entre las ‘evidencias’ relatadas, el director de ‘As’ enumeraba una extraña norma como prueba de que el Barça se saltaba las leyes a la torera cada vez que le venía en gana:
Si un jugador no va a la selección por lesión, no puede jugar con su equipo en los cinco días siguientes porque es un fraude demasiado visible. El Barça lo hizo con toda la cara.


Francamente, me había prometido dejar lo de los árbitros en paz hasta el final de la Liga. Tras ver la que se armó en el Camp Nou cuando Piqué soltó un estacazo impropio en el partido ante el Getafe y le expulsaron entre gritos de ‘villarato, villarato’, confieso que me invadió cierto mal rollo. Poco después, en Almería, se repitió el grito, en un partido de arbitraje equívoco, que empezó así y acabó ‘asao’. Al final de todo, Guardiola dijo aquello de que ‘el villarato ya se ha instaurado’, y a mí eso, la verdad, me sonó a que ‘el villarato se nos ha acabado, habrá que seguir por nuestras fuerzas’. Y, dicho sea de paso, eso me pareció bien.
















