
El manotazo que no codazo del cachas portugués provocó una ensalada de declaraciones, contradeclaraciones y recontradeclaraciones que no se veía en el panorama pelotero patrio seguramente desde los tiempos del Diego Armando Maradona blaugrana (1982-84). Nunca jamás un jugador había provocado tantas filias y fobias, tanta pasión y tanta animadversión y, desde luego, no hay en la historia del fútbol español un personaje del que se haya hablado tanto ya sea para bien o para mal que eso, al fin y al cabo, las más de las veces es lo que menos importa porque lo importante es que píen de uno. De lo que albergo cero dudas es de que haya existido un profesional al que se le haya pegado con tanta saña en menos tiempo.
Le han llamado de todo y por su orden: desde “chulo” y “prepotente” hasta “asesino”, entre otra sarta de lindezas. El linchamiento ha sido directamente proporcional a su precio. Parece como si haber costado 96 kilos conllevase una licencia para matarle. Vayamos al lance en sí: tan cierto es que le rompió la nariz a Mtliga como que la acción careció de intención o de lo que en Derecho se conoce como “dolo”. Para empezar, porque Cristiano no ve dónde impacta su antebrazo y, para terminar, porque su movimiento no es sino una repetición de dos anteriores. En dos palabras: un forcejeo. El chaval, del que todos parlan pero al que muy pocos conocemos, tiene que incrustarse en la cabeza un chip que le advierta que cualquier cosa que haga será dimensionada exponencialmente si es positiva y elefantiásicamente si es negativa. El gran Leo Messi le atiza un alevoso patadón a un gijonés y es un lance del juego, CR9 hace lo propio y es una agresión salvaje e imperdonable.











Se comenta que…