Hace sólo unos meses, cuando el Barça visitó el Santiago Bernabéu, el director de Marca hizo un llamamiento (a través no sólo de su diario, sino también de su célebre videoblog) para que los jugadores del Real Madrid se esforzaran por frenar a Messi “por lo civil o por lo criminal”. Como ejemplo de buena praxis, Eduardo Inda se refirió al planteamiento que Juande Ramos llevó a cabo en el Camp Nou en diciembre de 2008, un partido en cuyos primeros minutos los defensores madridistas rascaron más de la cuenta el tobillo del delantero argentino.
Hoy, en cambio, Inda está muy sensibilizado con el tobillo de Cristiano Ronaldo. El portugués, poseedor de un “poderoso tórax” según el editorial del diario, tiene en cambio en su tobillo “el único punto débil de su cuerpo” y, según Inda, se ha convertido en el blanco perfecto para los defensas rivales.
El mensaje está claro: hay que proteger a Cristiano… por lo civil o por lo criminal.




Escuché con atención y varias veces las declaraciones que Cristiano Ronaldo realizó ayer en Madrid. Creo que no tenía ninguna intención de provocar ni de faltar a nadie. Es más, en sus primeras respuestas utilizó una prudencia inusual en este personaje. Sin embargo, el que es chulo, lo es por naturaleza. La chulería no se aprende ni se hereda. Uno nace chulo y muere así, sin más. Y miren, Cristiano es uno de esos. Un futbolista vacilón por naturaleza. Luego existen diferentes tipos de prepotentes. Los que además son faltones y provocadores o los que piensan solo en sí mismos. Ayer, Ronaldo actuó con buena fe pero en todas sus declaraciones, serias o irónicas, se desprende esa chulería que siempre acompaña al portugués. No piensen que estoy criticando a Ronaldo por ser su manera de ser, es más, en algunas ocasiones esa actitud puede ayudar a su equipo. 

















