Rajoy, madridista declarado, lleva al gobierno al PP, partido con el que el equipo blanco y Florentino Pérez siempre han mantenido una magnífica y rentable relación. [El 9]
Existe la certeza de que dentro de su estudiada ambigüedad, [Rajoy] se decanta más por el color blanco que por el blaugrana. Las aficiones de Rajoy no deberían de resultar una cuestión trascendente, lo verdaderamente preocupante es la amplia concentración de poder político en la capital con la presidencia del gobierno, la comunidad autónoma y el ayuntamiento del PP con cuyos mandatarios tan estrechas relaciones mantiene todo un conseguidor de voluntades como Florentino Pérez. Con este escenario el palco del Bernabéu, que tanto gusta de cultivar el presidente madridista, amenaza en convertirse en uno de los mayores centros de influencia política y de negocios del país. Algo que sin duda no beneficia para nada al Barça. [Lluis Canut / Mundo Deportivo]



Una de las grandes aportaciones que supuso la llegada de Florentino Pérez al mundo del fútbol fue la incorporación al gran teatro de la pelota de una enorme dosis de serenidad, mesura, sentido y racionalidad. Un presidente cuya armadura personal ha estado basada siempre en el respeto a unas formas y a un tono impecables. Él rompió con el esquema tipo del dirigente forofo y fanatizado. Nada de eso ha cambiado, ni cambiará, por mucho que se quiera desvirtuar su intervención en la Asamblea.


















