Cada vez que se decreta un silenzio stampa, los periodistas nos rasgamos las vestiduras. Es una reacción natural, irreprimible. Nos escandalizamos durante un rato, agitamos los brazos, nos desahogamos… Y acto seguido adoptamos un gesto distante, como si la cosa no fuera con nosotros, y apelamos al lector. Es una suerte de despecho: Mourinho no nos planta a nosotros, planta a los seguidores del Madrid. Y en el fondo es cierto, pero muy en el fondo, y con un matiz: al aficionado le suele dar igual si los jugadores o el entrenador hablan o dejan de hablar. No sé si ignorar esta despreocupación forma parte de una tendencia del periodista al autoengaño o se trata de un mero desconocimiento del lector, sus intereses e inquietudes.
[9-XII-2007] Alguien tiene que venir al rescate de José Mourinho. [...] Ese alguien debe ser el presidente de un club de fútbol español, uno lo suficientemente listo como para reconocer el valor de fichar al mejor entrenador desempleado del mundo. [...] Sería una gozada presenciar la guerra de palabras que se desataría entre el Madrid y el Barça en el caso de que el portugués asumiera el mando en el Bernabéu. Lamentablemente, no parece que vaya a ocurrir. [...] El Barcelona, en cambio, no debe ser una posibilidad tan remota para el veterano del Camp Nou, y ex intérprete de Bobby Robson. [...] No le vendría mal una dosis mourinhista a este Barça cansino, como tampoco le vendría mal a Ronaldinho. Mejor el incandescente portugués para sacar al brasileño de su letargo que el elegante pero somnífero Frank Rijkaard. [John Carlin / El País]
“¿Se juega usted mañana mucho como entrenador?”, preguntó Antón Meana, de Radio Marca, en vísperas de la visita del Barça, hace ya una semana. A Mourinho, a juzgar por su reacción, le sentó a cuerno quemado. Y, como en él es costumbre, respondió señalando su palmarés.
No era una pregunta tan descabellada. La derrota copera ante el Barça -una más- ha abierto la veda: ya no hay miedo a criticar a Mourinho. En realidad, muchos nunca lo han tenido. En As o Marca, columnistas de muy distinto pelaje -Palomar, Segurola, Relaño, Roncero, San Martín…- ya habían atizado a Mourinho con mayor o menor entusiasmo. Sin embargo, una portada de Marca reproduciendo al detalle una discusión en pleno vestuario supone un punto de inflexión. Algo impensable en otras épocas nada lejanas. Del “no muerdas la mano que te da de comer” hemos pasado al “quien no te da nada, nada puede quitarte”.
No recuerdo haber elaborado nunca un decálogo, pero siempre me ha llamado la atención la necesidad de agrupar las normas o pautas en diez puntos, ni uno más ni uno menos.
La portada de Marca recoge las diez normas de orden interno dictadas por Mourinho y parece elaborada a base de estirar la información. Así, si Mou establece que sus hombres deben echarse una siesta de media hora antes de los partidos, podemos desdoblarla en dos y así llegamos a diez: 9) Siesta antes de los partidos 10) No más de media hora.
Este Mou es un “dictador”; al menos así nos lo recordaba Sport cuando prohibió a la plantilla conceder entrevistas personalizadas. Ahora que Guardiola ha adoptado idéntica medida y no ha estimado oportuno explicar por qué (“Porque lo he decidido yo”, es todo cuanto ha dicho), esperamos un artículo titulado “Dictadura Guardiola” o similar. Sentados, claro.
La pasada semana, el conocido Salvador Sostres plagiaba en el diario El Mundo una recopilación realizada hace ya nueve meses por Rival Petit en su blog. En ella se repasaba lo que publicaron algunos periodistas hace tres años sobre Jose Mourinho, que entonces era un entrenador en paro -había salido del Chelsea a comienzos de temporada- y sonaba como relevo de Frank Rijkaard en el banquillo del Camp Nou. Estas perlas, y alguna otra de localización propia, ocuparon la sección de La Libreta de Van Gaal el pasado sábado en el ‘Radioestadio’ de Onda Cero (que se puede escuchar aquí).
[19-II-2008] “¿Alguien puede asegurar que el Barça no jugaría atractivo y ofensivo si Mourinho fuera su entrenador? ¿Hay vida más allá del 4-3-3? ¿Cuántos mundiales ha ganado la selección holandesa?” [Fernando Polo / Mundo Deportivo]
Las sanciones a Jose Mourinho y Tito Vilanova son opinables, debatibles y -a mi modesto juicio- criticables. Luego, evidentemente, cada uno critica como sabe o como puede. Para ‘Sport’ y ‘Mundo Deportivo’, la mesura y los argumentos nunca han sido una opción. Donde esté el amarillismo puro y duro, que se quite lo demás. Y si ya de paso se puede inculcar al lector una dosis de rabia extra, lograr que odie a Mourinho un poquito más que ayer pero menos que mañana, miel sobre hojuelas, gasolina sobre fuego.
Una de las grandes aportaciones que supuso la llegada de Florentino Pérez al mundo del fútbol fue la incorporación al gran teatro de la pelota de una enorme dosis de serenidad, mesura, sentido y racionalidad. Un presidente cuya armadura personal ha estado basada siempre en el respeto a unas formas y a un tono impecables. Él rompió con el esquema tipo del dirigente forofo y fanatizado. Nada de eso ha cambiado, ni cambiará, por mucho que se quiera desvirtuar su intervención en la Asamblea.
Lo sorprendente, y casi alucinante, es la cantidad de espíritus sensibles que han surgido en torno al Madrid de Mourinho. [...] Ácidos críticos que no mostraban tanta contundencia, o miraban para otro lado, ante las corruptelas desvergonzadas de presidentes que robaban algo más que el dinero de la caja, que insultaban o que alentaban comportamientos nada recomendables a sus aficionados.




















