May 27

Me pregunto a quién se refiere el señor Fonalleras -posiblemente el literato que con menos talento ha escrito sobre fútbol en nuestra prensa- cuando se refiere a unos individuos que “experimentan placer eternizando resoluciones”. No sabía yo que los mismos que dictaminaban sanciones a los entrenadores y futbolistas fuesen los mismos que deben pronunciarse también sobre otros asuntos de mucha mayor enjundia. Fonalleras seguramente lo sepa, pero claro, queda mejor dibujar un enemigo externo, común y peligroso, la meseta, que lo mismo te oprime políticamente que te ficha a Jose Mourinho:

No me extraña que Joan Oliver esté “hasta las pelotas” de esta especie de vacío legal que se ha abierto, sin ninguna racionalidad, alrededor de una hipotética sanción a Pep Guardiola por aquello de llamar mentiroso a un árbitro. Los demás también estamos hasta las narices de este sinsentido legal, de esta vara de medir con distinto rasero a unos y otros. Puedo entender el error de un colegiado en un lance del juego. Por supuesto. Pero es muy difícil aceptar esta premeditación y las ganas innobles de marear la perdiz con un asunto que ya tendría que estar cubierto de polvo en algún recóndito archivo mesetario. En cierta manera, se parece al debate sobre la constitucionalidad del Estatut. ¿A qué esperan? ¿Experimentan alguna especie de placer masoquista en el hecho de eternizar resoluciones? En el Estatut, pintan bastos. Si encima alguien decide sancionar a Guardiola, puede que ya empiece a ser hora del apaga y vámonos.

[Josep M. Fonalleras, churras y merinas, en Sport]

PD- Me recuerdan en Twitter que Luis Racionero puede disputarle perfectamente a Fonalleras el honor de ser el peor escritor-columnista-futbolero.

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Ene 20

Una de las parábolas que explica el evangelista Marcos describe la historia del sembrador que esparció la semilla en distintos lugares. Al borde del camino, los pájaros se la comieron. En un terreno rocoso y por falta de raíz, se secó con el sol. Entre las espinas, no dio fruto, ahogada. Sólo los granos que cayeron en una tierra fértil dieron fruto: “Fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno”. Es la parábola de Messi. Jesucristo, sin saberlo, pronunció esas palabras a orillas del Tiberíades para hablar del delantero argentino. Aunque, siendo Dios, lo más probable es que las pronunciara a conciencia, como si fueran una profecía, conocedor del futuro del crack azulgrana. Los cien goles (más uno) de Lionel Messi son una realidad porque en su día (y a lo largo de los años) se plantó la semilla en el lugar adecuado, en el entorno que tocaba y con cuidados extremos.

[Josep M. Fonalleras en Sport]

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