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Hoy es uno de esos días en los que el Sport debería cambiar su lema por “Sempre amb el Madrid”. Tres artículos de opinión y los tres para hablar del odiado rival capitalino.

Para empezar, Josep Prats, que escribe por enésima vez el mismo artículo de siempre: qué bueno es el Barça, qué malo es el Madrid.

Schuster reclama un ‘9’ con urgencia para el Madrid [...] mientras los que nuestros lectores, a través de la web, calificaron de fantásticos son la envidia de todo el mundo futbolístico. [...] La situación que viven Rijkaard y Schuster en estos momentos es muy distinta, por no decir opuesta. Uno nada en la confianza e ilusión y el otro, en las dudas y temores. Uno está viviendo un verano plácido y feliz. El otro fue llamado a un gabinete de crisis donde recibió un tirón de orejas. Frank está regresando al sistema con el que conquistó dos ligas y una Champions, un sistema que arrancaba desde atrás, desde la fortaleza defensiva, mientras a Schuster el sistema que empleó en el Getafe no le está funcionando en el Madrid. Los jugadores blaugrana se sienten a gusto, se identifican con el estilo de su técnico. Los jugadores blancos, por el contrario, le han reclamado a su nuevo ‘jefe’ que regrese al sistema de su anterior ‘jefe’, al sistema de Capello.

Le sigue Carazo, que nos brinda un artículo genial, sólo al alcance de las mejores plumas, en el que reviste su línea habitual de rigor y análisis con un cuidado barniz epistolar. Carazo emplea ricas metáforas sobre lesiones cerebrales (ajenas), patadas “en el culo” y nos sorprende a todos defendiendo la figura de Capello. Carazo se acuerda hasta de Ronaldo, para el que rescata la célebre coletilla sportiana “rey de la noche y el amigo de los bares de solteros”. Esta vez no cuenta nada de la Sala Bikini.

Don Ramón Calderón, lo siento, pero le voy a dedicar otro segundo capítulo para demostrarle que ha perdido el rumbo de la nave blanca. El club que usted dirige, le guste o no, está patas arriba y, a cuatro días de iniciarse el campeonato, el equipo que usted puso en manos de Bernd Schuster sufre una enfermedad que tardará mucho tiempo en curar. Su dolencia radica no sólo en sus raíces intestinales, sino también en su cerebro. Lo que usted hizo en junio, al dar una patada en el culo a Fabio Capello, fue simplemente de chiste. [...] Señor Calderón, usted no dudó a la hora de contratar a Schuster, quien ya se está quejando de los arbitrajes y no deja de pedir refuerzos porque el timón se le ha ido de las manos. Señor Calderón, permítame decirle que el Real Madrid es más que un club; es el hotel de los líos. El técnico navega, el equipo no sabe a lo que juega y la sensación de desastre absoluto ya planea sobre el Santiago Bernabéu. Menos mal que con el técnico germano iba a llegar el espectáculo… Se alzará el telón de la Liga con un Madrid que ofrece más dudas que nunca. Los merengues no tienen un sistema de juego definido y deambulan, corretean sobre el césped con más pena que gloria. Capello, por lo menos, tenía las ideas claras y sabía controlar el vestuario. En cuanto supo que Ronaldo era el rey de la noche y el amigo de los bares de solteros, lo envió a Italia. Ahora, ¿qué puede hacer Schuster? Lo tiene muy crudo el alemán. Ahora resulta que el Madrid necesita un delantero de cinco estrellas, pero disciplinado y que marque las diferencias. En el Bernabéu falla la política de fichajes, Mijatovic y José Angel Sánchez andan como perro y gato, Schuster se desespera, el vestuario añora a Fabio, la afición está que trina… Señor Calderón, a usted sólo le queda consolarse con el trinar de los pajaritos.

Lluis Mascaró, por último, nos viene ahora con que “no hay que despreciar nunca al rival”. ¿Será que ha aprendido la lección? No lo parece, porque lo sigue haciendo. Pero a un tipo que emplea con semejante soltura el verbo ‘imbocar’ (con m antes de b, como debe ser) tampoco se le puede reprochar nada.

No hay que despreciar nunca al rival. Por muy débil que parezca. La historia del fútbol está llena de triunfos inesperados. El peor Madrid de todos los tiempos, como llegamos a calificar precipitadamente al equipo que dirigía Capello, acabó ganando la Liga la pasada temporada. La dejadez del Barça tuvo gran parte de culpa pero, al final, lo que cuenta, es que el título pasó a engrosar el palmarés blanco. Del cómo, por desgracia, nadie se acuerda. Por eso creo que se está crucificando a Schuster antes de tiempo. No voy a ser yo el que defienda al entrenador alemán, a quien ya califiqué hace tiempo como ‘enemigo público número 1’ del barcelonismo tras su apología de la violencia contra Messi. Y a quien siempre negué, por estilo y por carácter, cualquier posibilidad de sentarse –como algunos especulaban– en el banquillo del Camp Nou. [...] ¿Tendrá el técnico alemán tiempo suficiente para crear un equipo de fútbol a partir de una plantilla caótica? Parece que no cuando desde el Bernabéu ya se imboca al ‘espíritu de Capello’.

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