Hace una semana, posiblemente tras ver que la Liga se le complicaba, a Manuel Pellegrini se le ocurrió poner en valor el trabajo de su equipo: “Vamos a obligar al Barça a ser campeón con 99 puntos”. Casi todos captamos lo que quiso decir. Otros, como siempre, prefirieron empeñarse en no entenderlo y manipularlo a su antojo. Se llegó incluso a tachar de “derrotista” al chileno por avisar de que el Madrid iba a luchar por los 98 puntos (los mismos, por cierto, que han aparecido estas semanas en un sello en las portadas de Marca) y de que, si el Barça quería ser campeón, no podía ceder ni un milímetro.
Hubiera sido mucho mejor que Pellegrini saliese en rueda de prensa a decir, lisa y llanamente, que al Barça le ayudan los árbitros, que la Liga está comprada. Eso sí que es un discurso elegante, alejado del derrotismo y por supuesto del victimismo. Las cosas, Manuel, hay que decirlas por su nombre. Que es usted un gris.


No es culpa de Florentino que Pellegrini haga cambios que no haría ni un niño de 10 años. No es culpa de Florentino que Higuaín necesite un balón para él solo como si fuera Kobe Bryant. No es culpa de Florentino que El Pipita no haga un gol en Europa ni aunque el portero sea como Pocoyó y la portería como el Arco del Triunfo. No es culpa de Florentino que Kaká viva en una permanente crisis de identidad ni que su mujer se dé al Twitter para rajar del entrenador. No es culpa de Florentino que Raúl tenga más kilómetros que la furgoneta del Equipo A y menos gasolina que el Ferrari de Alonso en la vuelta rápida. No es culpa de Florentino que algunos jugadores se acuesten cuando empieza el programa de Carlos Herrera. Y no es culpa de Florentino que los lesionados del Madrid tarden más en recuperarse que si fueran por la Seguridad Social.

















