Hoy con Marca, de regalo, un póster de Mourinho patrocinado por Campofrío. No, no es broma.
No me preguntéis por qué, pero hoy he leído la columna de opinión que, como cada viernes, publica Leticia Sabater en ‘Marca’. Me han llamado la atención las numerosas similitudes con la línea editorial del diario y las ideas principales de este artículo, dedicado a Manuel Pellegrini y titulado “No se puede ser tan bocazas”:
Las desafortunadas manifestaciones de Manuel Pellegrini en su país son absurdas y están fuera de lugar. Después de irse con el bolsillo lleno, lo mínimo es que hubiera sido un señor y se hubiera callado. Sobre todo teniendo en cuenta que se fue con cero títulos.
Era de esperar. Tras las últimas declaraciones de Manuel Pellegrini en Chile, el diario Marca ha reaccionado de inmediato. ¿Le ha devuelto el trofeo Miguel Muñoz que le arrebató descaradamente? No, se ha apresurado a aplicar al entrenador chileno la correspondiente somanta de palos. No voy a reproducir aquí el editorial íntegro, aunque sería lo suyo, pues resulta lamentable desde la primera línea hasta la última. Es más o menos lo de siempre, y quien quiera leerlo puede hacerlo en este enlace. Me quedo simplemente con uno de los reproches que el editorial de Marca (o sea, de Inda) lanza a Pellegrini. El término surrealismo se inventó para cosas así:
Si Pellegrini creía, como dice ahora, que no tenía plantilla para ganar la Champions debió decirlo públicamente, pues sabía que ése era el gran objetivo del club. No lo hizo. Al contrario, siguió alimentando la ilusión del madridismo hasta que el Olympique de Lyon la cercenó de raíz.
Hay que recordar que, cuando Pellegrini dijo aquello de “Vamos a obligar al Barça a ser campeón con 99 puntos”, Marca le tachó de cenizo y derrotista. ¿Qué no le habrían llamado si hubiera dicho públicamente que no podían optar a la Champions? En fin, es sólo un disparate más.
Desde hace algunos años, el diario ‘Marca’ distingue al mejor entrenador de la Liga con el trofeo Miguel Muñoz. En la ficha que acompaña a la información de cada partido, los cronistas otorgan a los técnicos los habituales puntos Marca (de cero a tres).
Hasta hace apenas un mes, Manuel Pellegrini era líder destacado de la clasificación. En la jornada 25, la misma en la que el Real Madrid alcanzó el liderato igualado a puntos con el Barça, el chileno aventajaba en ocho puntos al segundo, Pep Guardiola. Sin embargo, esta clasificación ha sufrido un sospechoso vuelco en las últimas semanas. Al entrenador azulgrana no le ha costado mucho no sólo alcanzar a Pellegrini, sino adelantarle. Y es que, mientras el chileno ha seguido recibiendo diversas puntuaciones (sobre todo 2 y 1), Guardiola ha sido calificado con un invariable 3 en las cinco últimas jornadas. En este periodo de excelencia guardiolística se incluyen el empate a cero en Cornellá-El Prat (posiblemente uno de los peores partidos del Barça en los dos últimos años) y la visita del Xerez al Camp Nou (un trámite despachado con escaso brillo e incluso, durante algunos minutos, con cierto suspense).
Parece claro que Manuel Pellegrini no puede obtener el Miguel Muñoz. ¿Os le imagináis recibiendo el trofeo de manos de Eduardo Inda? Parecía imposible, pero al fin hemos encontrado una foto en la que el director de ‘Marca’ no quiere aparecer.
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Eduardo Inda ya lo avisó antes del Madrid-Barça: a Messi había que “pararle por lo civil o por lo criminal”, “intimidarle dentro de la ley”. Manuel Pellegrini no dispuso la táctica que el director de Marca había considerado oportuna, y claro, por ahí se le escaparon sin duda el partido y el liderato.
Frente al díscolo ingeniero que desoye al gran oráculo del madridismo, Inda ha encontrado un nuevo discípulo en el que acoger bajo su manto: Mauricio Pochettino. Tras el empate ante el Barça, el entrenador del Espanyol no es sólo un estratega sin igual y un sabio de los banquillos, es mucho más: Pochettino es un antropomorfita. Ante la incredulidad general, lo repetimos: an-tro-po-mor-fi-ta.
“Se acabó el cuento chino de Pellegrini”, avanza hoy en su portada el diario Marca. Habrá que hacerle caso. De cuentos chinos, Eduardo Inda sabe un rato largo:
A ese acierto que me da va a ser Pellegrini hay que garantizarle mando en plaza y una vida laboral superior a los dos años que figurarán en su contrato. La estabilidad pasa también por el vestuario. Porque si bien todos pensamos y deseamos por el bien del espectáculo que el Florenteam pite a la primera, tampoco es descabellado barruntar que a la primera temporada no sea la vencida. Las semillitas normalmente tardan en germinar. [Eduardo Inda, Marca, 2 de junio de 2009]
Fiel a su cita con el ventajismo y la puñalada trapera, Inda vuelve a ajustar cuentas con su odiado ‘Ingeniero’, ese hombre malo que un buen día -al parecer sin que nadie le convocara- se presentó en Chamartín con el único fin de echar a perder “la mejor plantilla del mundo”.
Una vez más, el entrenador es no ya el principal responsable de un fracaso, sino el único. La portada no nos sorprende; al contrario, cierra (?) una trilogía tan burda como cobarde iniciada con las eliminaciones en Copa del Rey (“¡Vete ya!”) y Copa de Europa (“Adiós Champions, adiós Pellegrini”).
Eduardo Inda narra hoy en ‘Los puntos sobre las íes’ la parábola de los talentos, a partir de la cual traza un pararelismo con Manuel Pellegrini, el único responsable de todos los males del Real Madrid, aunque al parecer podrían haberse evitado -y el Madrid seguiría vivo en la Champions- si alguien hubiera hecho caso a Inda en su día. La parte de la parábola, por cierto, nos la hemos saltado:
En las manos de Manuel Pellegrini depositaron hace ocho meses la mayor cantidad de talento por metro cuadrado jamás vista en este negocio. Doscientos cincuenta millones de euros, que vienen a ser 42.000 kilos de pelas de las de toda la vida, que se resumen en CR9, Kaká, Benzema, Xabi Alonso, Arbeloa, Albiol y Granero. O sea, media lista del FIFA World Player y media del catálogo de proyectos de Balón de Oro. La cosa pintaba no bien, requetebién. Nadie le exigía al hasta entonces reputado entrenador chileno que imitase a Pep Guardiola a las primeras de cambio por una sencilla razón: si muchas veces no se logra hacer un equipo en un lustro, ¿cómo le iban a reclamar resultados para ayer o anteayer en lo que hubiera constituido un planteamiento no sé si alocado, ilógico, suicida o las tres cosas a la vez?
Leyendo la columna de Miguel Serrano en Marca, extraemos dos grandes conclusiones, regadas como siempre por curiosos símiles y divertidas (?) alusiones a Falete:
1. Florentino Pérez no tiene la culpa
No es culpa de Florentino que Pellegrini haga cambios que no haría ni un niño de 10 años. No es culpa de Florentino que Higuaín necesite un balón para él solo como si fuera Kobe Bryant. No es culpa de Florentino que El Pipita no haga un gol en Europa ni aunque el portero sea como Pocoyó y la portería como el Arco del Triunfo. No es culpa de Florentino que Kaká viva en una permanente crisis de identidad ni que su mujer se dé al Twitter para rajar del entrenador. No es culpa de Florentino que Raúl tenga más kilómetros que la furgoneta del Equipo A y menos gasolina que el Ferrari de Alonso en la vuelta rápida. No es culpa de Florentino que algunos jugadores se acuesten cuando empieza el programa de Carlos Herrera. Y no es culpa de Florentino que los lesionados del Madrid tarden más en recuperarse que si fueran por la Seguridad Social.



















