“Adiós Champions, adiós Pellegrini”, rezaba anoche Marca.com, nada más consumarse la tragedia madridista en el Bernabéu. Presidía la web el rostro de Pellegrini, en una foto panorámica que cruzaba el monitor de lado a lado. En la portada del diario, por supuesto, el esquema se repite. También la frase de marras, que cede protagonismo a un gigantesco “FUERA”. Es lo que en el argot se denomina “matar” a alguien. Marca, como estaba previsto, ha matado a Pellegrini. El mensaje está claro desde hace ya muchos meses: cuando gana el Real Madrid, gana Cristiano Ronaldo; cuando pierde, pierde Pellegrini. Y sólo Pellegrini. Y nadie más que Pellegrini.
Las campañas de desprestigio existen desde que la prensa es prensa. Lo que posiblemente no había existido en toda la historia del periodismo contemporáneo es un director de periódico tan poco dotado para la sutileza. Eduardo Inda es un predicador de trazo grueso, un consumado especialista de lo burdo. Todo se soluciona con un fotón de Pellegrini a todo trapo. Sólo le ha faltado titular: “Pellegrini robó la Décima”.





No va a ser fácil remontar el gol de Makoun en el Bernabéu, pero la decepción que hoy tiene el aficionado va mucho más allá del resultado. Las palabras de Valdano lo resumen perfectamente: “Nos vamos con un mal resultado y con una mala sensación”. El madridismo sueña con un equipo capaz de imponer su estilo en cualquier campo, pero se encuentra con un entrenador empeñado en revolucionar a los suyos en función del rival. Pellegrini se saltó anoche la máxima que dice que si algo va bien no hay que tocarlo. Cambió un bloque que venía funcionando perfectamente para introducir a un buen futbolista como Diarra, pero que carece por completo de ritmo. Si lo hizo porque no confía en que el equipo pueda imponer su fútbol ante el Olympique, mal. Si lo que tuvo fue un ataque de entrenador, peor.


















