Lo malo no es escribir cosas como estas. Lo malo es creérselas.
La final de hoy no es una final de Copa cualquiera. Es la final de Copa más importante que ha jugado el Barça en toda su historia. [...] Hay en juego mucho más que un trofeo. Se dirime la supremacía de un estilo, de un modo de entender el fútbol. Y, especialmente, un modelo de comportamiento dentro y fuera del campo. El Barça debe ganar esta Copa [...] sobre todo para evitar que gane Mourinho, para evitar que gane la crispación, la caverna mediática, la manipulación, la mentira. La final de esta noche es la batalla final entre el bien y el mal. Entre la educación y la mezquindad. Entre el amor y el odio.
No me quiero ni imaginar lo que significaría un Madrid campeón con Mourinho, Cristiano Ronaldo y las huestes cavernarias cabalgando por Cibeles. Nos intentarían inocular por vía intravenosa la doctrina del ‘nacional madridismo’ que ellos defienden con esa vehemencia tan propia de los talibanes. Una doctrina que no rehuye el enfrentamiento y que aboga por la zafiedad y las malas maneras. Que esta doctrina se viera recompensada con una victoria en la final de la Copa sería el peor favor que se le podría hacer al fútbol. Y al sentido común.




















