“Si en esta Liga ha habido dos penaltis clarísimos, de esos que no admiten interpretación [...], son el de Higuaín en Valencia y el de Raúl ayer en Cornellà”. Así arranca hoy su columna en Sport Joan Maria Batlle, el hombre con moviolas en lugar de ojos. “No quisiera reducir todo lo que fue el Espanyol-Barça de anoche a la mano de Raúl Rodríguez que el árbitro no pitó”, añade. Claro que no, hombre: para eso ya está la portada de su diario, y la de Mundo Deportivo. “Quien más se equivovó ayer fue el árbitro”, acusa el director de éste último, Santi Nolla. “El árbitro no quiso ver un penalti”, asegura en portada. No es que no lo viera, no: es que no lo quiso ver.
“En Can Barça las decisiones arbitrales, por injustas que sean, se respetan y no se critican”, subraya el editor de Sport, Josep Maria Casanovas; “nosotros sí vamos a decir lo que pensamos: fue un penalti como una casa y queremos pensar que el árbitro no lo vio, aunque nos sorprendió que los jugadores barcelonistas no protestaran más y solicitaran al colegiado que consultara con el linier”. Eso de respetar las decisiones arbitrales está muy bien… pero hasta cierto punto.






Los ideólogos y adeptos a la secta del ‘Villarato’ están disfrutando en las últimas semanas al comprobar que la campaña da frutos. Han conseguido lo que querían. No sólo han convertido la Liga en una sospecha permanente, sino que han logrado mediatizar a los que imparten justicia. Los árbitros se sienten más presionados que nunca, sobre todo cuando deben tomar decisiones con el Barça de por medio. No quieren ayudar ni perjudicar a nadie, pero inevitablemente están afectados por el eco de los medios de comunicación afines al Madrid, que hace tiempo que encontraron en el supuesto ‘Villarato’ un chollo porque el morbo tiene audiencia.
















