Qué divertido es el periodismo deportivo


Escrito por Louis | 23 de marzo de 2012

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Periodistas y lectores

Cada vez que se decreta un silenzio stampa, los periodistas nos rasgamos las vestiduras. Es una reacción natural, irreprimible. Nos escandalizamos durante un rato, agitamos los brazos, nos desahogamos… Y acto seguido adoptamos un gesto distante, como si la cosa no fuera con nosotros, y apelamos al lector. Es una suerte de despecho: Mourinho no nos planta a nosotros, planta a los seguidores del Madrid. Y en el fondo es cierto, pero muy en el fondo, y con un matiz: al aficionado le suele dar igual si los jugadores o el entrenador hablan o dejan de hablar. No sé si ignorar esta despreocupación forma parte de una tendencia del periodista al autoengaño o se trata de un mero desconocimiento del lector, sus intereses e inquietudes.

Soy consciente de los problemas que acarrean las generalizaciones, pero correré el riesgo si se entiende la idea. El aficionado medio (toma generalización) puede vivir sin las ruedas de prensa de Mourinho y Guardiola. Es más, el plante a la prensa del uno estos días o la conocida negativa del otro a conceder entrevistas -no pagadas- gozan del beneplácito de un amplio sector de sus aficiones. A la prensa, ni agua.

Resulta curioso, eso sí, que muchos de esos lectores se llenen la boca reclamando “periodismo de calidad” y al tiempo celebren que al periodista se le aleje de los protagonistas, por vacías o surrealistas que puedan resultar las ruedas de prensa -hoy mismo le han preguntado a Guardiola si le gustan los caracoles-. En este paisaje, se acaba imponiendo la información encapsulada, el mensaje prefabricado por el poder de turno. El mismo poder al que, se supone, debemos vigilar los periodistas. Al tiempo que lamentamos la cancelación de un par de ruedas de prensa, deberíamos preguntarnos por qué el lector está convencido de tenernos enfrente y no de su lado.

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