Artículos sobre Diego Torres

El orejazo

Lo más grande que pasó ayer fue que Raúl metió un gol con la oreja. Fue suficiente para doblegar al triste Deportivo. […] El capitán celebró su conquista con la vehemencia habitual porque le gusta tanto la estadística como dar palmas. Las cuentas son su debilidad. Acaricia sus acumulaciones con un ardor metódico. Está encantado de sumar 306 goles porque, de alguna manera, eso lo equipara a Di Stéfano, que hizo 307. El argentino lo consiguió en siete años menos. Pero ese es un cálculo que pasa más inadvertido. […] El Deportivo se valió de las anticipaciones de sus centrales y de la maestría de Valerón. El Madrid fatigó con menos criterio. A ráfagas. Sin sorpresa. Fiel al perfil de su plantilla, producto incierto de la política de fichajes de Pedja Mijatovic, que gastó 300 millones de euros para que Juande dijera hace dos días que Guti es el único que le puede brindar inventiva al equipo. A diez minutos del final los vomitorios se fueron llenando de gente que se marchaba. Debían ser abonados espoleados por el frío, o consumidores de tiques decepcionados con el producto. Porque el Madrid sumó 41 puntos y es segundo. Pero, ¿quién paga para ver sumar puntos? ¿Cuánto vale un orejazo?

[Diego Torres en El País]

El fantasma de Mijatovic

Con una prosa admirable y una cuidada ambientación, Diego Torres nos ofrece hoy en El País otro magnífico ejemplo de cómo vestir de información un mero ajuste de cuentas. Primero lo hizo con un subalterno, Carlos Bucero (el chófer ese que va diciendo que es licenciado en Derecho), y hoy apunta ya al jefe, Pedja Mijatovic, rebautizado como “el fantasma con el traje más caro del Bernabéu”. El final del artículo es de traca:

Mijatovic y Calderón comparten una misma flaqueza: vivieron la experiencia del poder con ansiedad. […] A la espera de elecciones, el montenegrino anda como un desocupado, buscando quehaceres. Por lo visto, ya encontró uno: presionar al árbitro. Si el domingo pasado se presentó en el vestuario arbitral para discutir con Pérez Burrull antes del partido, hoy, con la visita del Depor, su objetivo puede ser Teixeira Vitienes.

Resulta curioso también que el departamento de Mijatovic lleve un año sin tener “ninguna influencia” en el club y, al mismo tiempo, sea el responsable del “mayor gasto en menos tiempo de la historia del fútbol” y uno de los factores que, según Torres, han llevado a Calderón a dimitir. Para no tener “ninguna influencia”, no está nada, pero que nada mal.

El chófer que se hace pasar por licenciado

Leyendo en El País a Diego Torres, cuya mezcla de opinión e información es desde hace tiempo más que sospechosa, da la impresión de que Huntelar o Lassana Diarrà no pueden ser inscritos en la presente Liga, ni tampoco en las siguientes, sólo en la Liga de Campeones 2008/09. Tampoco tiene desperdicio la forma en que trata de desprestigiar a Carlos Bucero, ese “chófer” que dice ser licenciado en Derecho (“y que seguro que ni es licenciado ni nada”, le ha faltado añadir).

Carlos Bucero es un hombre hecho a sí mismo. Hace cuatro años, el adjunto a la dirección deportiva del Real Madrid, mano derecha de Pedja Mijatovic y principal actor del club en el mercado internacional, era el encargado de llevar a la escuela a los hijos de Guti o de ejercer de chófer de Mateja Kezman en el marco de los servicios que ofrecía la empresa del agente Zoran Vekic. Hoy, en el club le señalan como el principal estratega en materia deportiva, incluso por encima de Mijatovic, su valedor, al que adelanta en conocimientos jurídicos. Bucero asegura que es licenciado en Derecho. En su condición de jurista, es el que más sufre en estos días por lograr que la UEFA acepte la inscripción de Lassana, Lass, Diarra y Huntelaar en la Liga de Campeones merced a una lectura nueva de su reglamento restrictivo. De la interpretación que haga la UEFA del sinuoso artículo 17.18 (tan sólo se autoriza la inscripción de un jugador que ya haya disputado este curso uno de sus torneos) dependerá que el Madrid se haya gastado 20 millones de euros en Lass con alguna utilidad. Lo contrario será completar un ciclo de improvisación y despilfarro.