Artículos sobre Diego Torres

Nota al margen:
Escribe Diego Torres en El País: “Casillas estaba aliviado [tras la victoria del Madrid ante el Atlético]. Conocedor como pocos de las aristas sociales de su oficio, sabía que, de perder en el Calderón, un sector importante de la opinión pública cuestionaría indirectamente su capitanía”.
Ya hubiera sido menos, ¿no?

¡Pobre Gago!

Acerca de Diego Torres diremos hoy dos cosas buenas, muy buenas. La primera, que escribe de maravilla. La segunda, que pone tanto empeño en defender a sus amigos como en ajustar cuentas con sus enemigos (Raúl, Mijatovic, Robben…), que ya es decir. Hoy toca rescatar al talentoso y disciplinado Fernando Gago de las garras del Bernabéu:

Su primer admirador fue Diego Maradona, que le regaló un diamante. Un arete que nunca más se quitó. Gago no soñó con una consagración mejor. Tampoco sospechó que tres años después saldría preocupado, arrastrando las zapatillas, por un pasillo del Bernabéu. Temiendo por su carrera.

[…] De pronto, el día del partido contra el Xerez, obedeciendo a impulsos nuevos, la hinchada resolvió hacerle un juicio sumario. Nadie contempló atenuantes. […] El público lo estaba esperando con el machete.

[…] Dio explicaciones a los micrófonos durante casi media hora. Se le vio afectado. Atormentado por una descarga de pensamientos desagradables. Temió que el partido que acababa de disputar marcara su carrera para siempre. Pensó en la necesidad que tenía de jugar y en las pocas oportunidades que le ofrecerían esta temporada.

[…] Desde la llegada de Florentino Pérez a la presidencia, Gago detectó señales preocupantes. Se sintió orillado por el técnico, Manuel Pellegrini. Le dolió que, después de tres años de esfuerzo, de lucha, el club le pagara relegándolo al banquillo sin una oportunidad. Jorge Valdano, el director general, se reunió con él y le aclaró que la llegada de Alonso suponía una degradación en su jerarquía.

Cuando salió rente al Xerez, el domingo, tuvo tantas ganas de demostrar lo que valía que fue víctima de su ansiedad. Perdió el balón por primera vez y empezó a escuchar rumores. Perdió otro y sintió los pitos. Antes del descanso retrasó la pelota a Albiol y el estadio lo condenó. Miles de hinchas coincidieron en la pitada. Albiol se la devolvió y se puso tan nervioso que intentó jugar con Ramos y se la dio a un volante rival. Si hubo una víctima del esquema que propuso Pellegrini contra el Xerez, ése fue Gago.

[…] Contra el Xerez, sus dudas se profundizaron al ritmo de la pitada. Pero sus valores no se perdieron. Ni en los momentos de mayor angustia dejó de ofrecerse. Si hay algo que ha caracterizado a Gago desde que llegó al Madrid, en enero de 2007, ha sido su disciplina y su carácter competitivo.

Gago fue tan dócil y disciplinado que se dejó arrastrar a un terreno que no controlaba. Llegó armado de su criterio y su sentido del pase y encontró gente [por Capello y Heinze] que le pidió que pusiera énfasis en la pelea.

Gago nunca volvió a jugar como en Boca. Se diría que en Madrid, con o sin pitadas, ha sufrido una depresión.

[Diego Torres en El País]

Raúl, el represor

A Robben le dijeron que para seguir siendo titular en el Madrid tenía que reprimirse un poco. En Montjuïc fue titular. Pero fue menos Robben. […] Pasó de hacer una media de diez regates por partido a intentar sólo dos contra el Espanyol. De pronto, el hombre más individualista de la Liga, el más driblador después de Messi, se convirtió en un desprendido. Un delantero que antes de intentar el engaño en el uno contra uno buscaba compañeros a su alrededor para hacer la entrega. El cambio que tanto había reclamado una parte del vestuario se concretó casi de la noche a la mañana.

[…] Después de la derrota contra el Liverpool (0-1), el miércoles, el vestuario del Madrid se convirtió en un horno. El Madrid es un equipo en el que las jerarquías dominantes están bien definidas. En la pirámide se sitúa Raúl, líder indiscutible de la plantilla y del club. El organigrama es claro. El que contradice a Raúl, el que no juega como él pide, es llamado a capítulo. Desde hace años, los técnicos lo repiten con cada canterano cuando sube al primer equipo: “Tú mira a Raúl”.

Robben no es un canterano. Ha tardado un año y medio en mirar al capitán y en escucharle. Después de perder contra el Liverpool, el hombre que se sentó en el banquillo de los acusados fue el holandés. El cargo: ser un chupón.

Raúl no fue el único acusador. El capitán se puso al frente de una larga lista de jugadores del Madrid que avalaron su posición. Ramos e Higuaín estuvieron entre los más destacados. […] En el vestuario del Madrid se acumularon los jugadores cada vez más disgustados con la actitud de Robben.

[…] Robben ya sabe que, si quiere seguir siendo titular en el Madrid, debe controlar sus impulsos naturales. Eso es lo que quiere media plantilla. Se lo piden Raúl y el entrenador. La represión de Robben fue un paso más hacia la construcción de un equipo que cada jornada se parece más a lo que quiere Raúl. El capitán […] ha colectivizado el último rincón en el que gobernaba el individualismo. La estadística del Espanyol-Madrid reveló que Robben le tuvo más miedo a la ley de su propio vestuario que a las patadas del rival.

[Diego Torres en El País]

Un cáncer llamado Robben

El golpe del Liverpool alteró al vestuario del Madrid. Entre todos los debates internos, el del empleo de Robben es el más encendido. Ya no sólo es Juande el que duda sobre su colocación en el campo y el efecto negativo que puede tener sobre el juego. Sus compañeros lo cuestionan cada día más. Que Robben no jugase de titular en los dos últimos partidos de Liga, y que el Madrid metiese 10 goles y desplegase el mejor fútbol de la temporada, no parecen sólo una coincidencia. Al menos eso es lo que piensa una parte de la plantilla que, tras quedarse a un paso de la eliminación europea, suma más adeptos. “Robben no sabe leer los partidos y Juande debió cambiarlo de banda”, dijo un miembro del equipo. “Juande tiene que hablar con Robben. Porque en la derecha tapó a Sergio Ramos, que no pudo subir. Si Sergio hubiera atacado por la derecha y Robben se hubiese pasado a la izquierda, habríamos creado más ocasiones. Pero Robben no quiso cambiarse. El Liverpool tenía miedo y no supimos aprovecharlo”.

Robben tiene dificultades para asociarse. Con Sergio Ramos, y, sobre todo, con los delanteros. Higuaín y Raúl no saben cómo pedirle que suelte más el balón. Frente a un equipo pequeño éste puede ser un defecto aceptable. Contra el Liverpool, condicionó el juego del Madrid hasta aislar por completo a Higuaín y anular las posibilidades ofensivas del equipo. Algunos jugadores empiezan a pensar que ha llegado la hora de que Juande hable con el holandés.

[…] Además de funcionar bien, el Madrid sin Robben mete los mismos goles que con él. Aproximadamente 2,2 tantos por partido. […] Su análisis de la derrota apuntó al mal funcionamiento del equipo. “Debemos mover más rápido el balón”, se quejó Robben, como si no fuera con él.

[Diego Torres en El País]

La incompetencia de Mijatovic

La carrera de Pedja Mijatovic en el mundo de la gestión deportiva está a punto de entrar en lo que parece una vía muerta. Su audacia, sin embargo, conserva la frescura de sus años de futbolista. Tras afirmar el domingo pasado que tiene contrato “hasta 2010” en el puesto de director de fútbol del Madrid, se presentó ayer en la sesión de la foto oficial para figurar junto a Raúl y Di Stéfano entre los exponentes más representativos de la estabilidad institucional. […] Pero la situación institucional del Madrid ha llegado al límite. Por culpa, entre otras cosas, de la incompetencia de Mijatovic para diseñar una plantilla fiable, el club se ha sumergido en una crisis que ha obligado a repetir la foto oficial. […] Para la nueva foto sólo posaron los jugadores, el entrenador Juande Ramos, Di Stéfano y Mijatovic. En el club hay empleados que piensan que los masajistas y los utilleros quitan relumbrón a un asunto al que se pretende dotar de gran solemnidad. Mijatovic es de esta idea. […] La segunda foto oficial de la temporada [fue] hecha sin presidente pero con un director deportivo sin más poder que el de elegir quién sale en el retrato y quién se queda fuera.

[Diego Torres en El País]