Artículos sobre Joan-Laporta

El regreso de garganta profunda

El Madrid está viviendo una crisis deportiva e institucional desde el verano del 2003. Una profunda crisis que podía haber hecho saltar por los aires la Casa Blanca si el Barça no hubiera pecado, durante dos temporadas, de falta de profesionalidad en el vestuario y de autocomplacencia en el palco. […] En el Barça esto no hubiera pasado. Porque el club blaugrana tiene un presidente que mantiene su proyecto deportivo desde el primer día. Con altibajos y graves errores, sí, pero siempre con la misma idea futbolística. Y con sólo dos entrenadores: Rijkaard y Guardiola. Diferentes, pero iguales. Con distintos métodos, pero con el mismo objetivo. El holandés ganó dos Ligas y una Champions en sus tres primeros años y sólo su falta de mala leche le privó de seguir sumando títulos. Pep, con la misma plantilla, ha regenerado la ilusión y el placer por el espectáculo. Todo, gracias a la apuesta firme y decidida de Laporta.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Humillados en el fango

Es posible que, acorde con su carácter desafiante, jactancioso e irascible, Joan Laporta haya decidido echarle un pulso a Joseph Blatter. […] Cabe pensar que Laporta no se va a disparar en un pie, que preservará su carguito en la Comisión Económica de la FIFA y que esto de no dejar viajar a Leo Messi a los Juegos Olímpicos de Pekín pasa por otro lado. Debe ser, por tanto, un justo afán de querer contar con los mejores jugadores para afrontar la eliminatoria previa a la Champions League. Una competición que, si ya permite la entrada de equipitos de mediopelo que duran hasta la ronda de octavos de final, ahora mismo acoge a la morralla del fútbol continental. Por lo tanto, si Laporta y el Barça no le están echando un pulso a la FIFA (y, de rebote, al Comité Olímpico Internacional), sólo cabe calificar su actitud de vergonzosa. Porque es una vergüenza que un club del historial y el potencial económico del Barça se humille hasta estos fangos (y arrastre a ellos al jugador) por el temor de una eliminación prematura en lo que no pasa de ser un torneo veraniego. ¡Pero si lo tendrá más difícil en el Gamper, contra Boca! El problema, como siempre, es el cagómetro, que este año ha nacido prematuro.

[Fabián Ortiz, el lado oscuro, en As]

Como un reloj

Ayer, por la mañana, Lluis Mascaró nos deleitaba en ‘Sport’ con un artículo que comenzaba de la siguiente forma: “Laporta no dimitirá”.

A mediodía, la edición digital del diario nos sorprendía con una noticia, firmada por Lluis Mascaró, titulada: “Laporta dimitirá el jueves”.

Hoy, Lluis Mascaró asegura en el mismo periódico que Laporta “podría verse obligado a dimitir”. O sea, que podría no verse obligado.

Moraleja: hasta un reloj estropeado acierta dos veces al día.

Mascaró se queda solo

Sólo un inconsciente podía imaginar que una derrota con el sesenta por ciento de los votos en contra es una derrota dulce. Sólo un inconsciente podía imaginar que un club como el Barça, propiedad de sus socios, se puede dirigir con un treinta y siete por ciento del apoyo social. Sólo un inconsciente podía imaginar que es más importante la fría letra de unos estatutos que el espíritu democrático de la sociedad. Este inconsciente tiene nombre y apellidos.

Y, en efecto, Joan Laporta acabará sucumbiendo a la fuerza de la afición, aunque en su inconsciencia siga empeñado en desafiar todas las leyes de la moral humana. De hecho, Laporta tendría que haber dimitido el mismo domingo por la noche. Y aunque cada uno es libre de poner el listón de su dignidad al nivel que quiera, parece que el listón de una mayoría de directivos está por encima del del presidente. Ellos tomarán la decisión por él, le dejarán solo para que dimita o convoque elecciones… si es que no se rajan a última hora. Entonces, todos saldrían en globo, no sólo el presidente.

Este episodio de la historia demuestra que nadie puede servirse del Barça, ni el presidente más votado. Otro presidente importante, importantísimo, el que estuvo casi un cuarto de siglo en el poder, el que trajo a Maradona, a Schuster, a Romario, a Ronaldo, el que fichó a Cruyff como entrenador, el que ganó la primera Copa de Europa, empezó a caer cuando creyó que el Barça era él. No se puede presidir de espaldas al socio. El presidente tiene el honor de representar a más de cien mil socios y a millones de barcelonistas y cuando éstos no se sienten bien representados, el presidente tiene los días contados. La afición puede perdonar una mala gestión puntual si detecta voluntad de servicio, pero nunca admitirá la falta de transparencia, la prepotencia ni que nadie intente pasar por encima de la voluntad del socio.

Laporta entró como Kennedy y saldrá como Nixon. Cuanto más tarde en marcharse, peor será para el Barça. Y esto es algo que la historia le demandará.

[Joan Maria Batlle en Sport]