Artículos sobre Joan-Laporta

Como un reloj

Ayer, por la mañana, Lluis Mascaró nos deleitaba en ‘Sport’ con un artículo que comenzaba de la siguiente forma: “Laporta no dimitirá”.

A mediodía, la edición digital del diario nos sorprendía con una noticia, firmada por Lluis Mascaró, titulada: “Laporta dimitirá el jueves”.

Hoy, Lluis Mascaró asegura en el mismo periódico que Laporta “podría verse obligado a dimitir”. O sea, que podría no verse obligado.

Moraleja: hasta un reloj estropeado acierta dos veces al día.

Mascaró se queda solo

Sólo un inconsciente podía imaginar que una derrota con el sesenta por ciento de los votos en contra es una derrota dulce. Sólo un inconsciente podía imaginar que un club como el Barça, propiedad de sus socios, se puede dirigir con un treinta y siete por ciento del apoyo social. Sólo un inconsciente podía imaginar que es más importante la fría letra de unos estatutos que el espíritu democrático de la sociedad. Este inconsciente tiene nombre y apellidos.

Y, en efecto, Joan Laporta acabará sucumbiendo a la fuerza de la afición, aunque en su inconsciencia siga empeñado en desafiar todas las leyes de la moral humana. De hecho, Laporta tendría que haber dimitido el mismo domingo por la noche. Y aunque cada uno es libre de poner el listón de su dignidad al nivel que quiera, parece que el listón de una mayoría de directivos está por encima del del presidente. Ellos tomarán la decisión por él, le dejarán solo para que dimita o convoque elecciones… si es que no se rajan a última hora. Entonces, todos saldrían en globo, no sólo el presidente.

Este episodio de la historia demuestra que nadie puede servirse del Barça, ni el presidente más votado. Otro presidente importante, importantísimo, el que estuvo casi un cuarto de siglo en el poder, el que trajo a Maradona, a Schuster, a Romario, a Ronaldo, el que fichó a Cruyff como entrenador, el que ganó la primera Copa de Europa, empezó a caer cuando creyó que el Barça era él. No se puede presidir de espaldas al socio. El presidente tiene el honor de representar a más de cien mil socios y a millones de barcelonistas y cuando éstos no se sienten bien representados, el presidente tiene los días contados. La afición puede perdonar una mala gestión puntual si detecta voluntad de servicio, pero nunca admitirá la falta de transparencia, la prepotencia ni que nadie intente pasar por encima de la voluntad del socio.

Laporta entró como Kennedy y saldrá como Nixon. Cuanto más tarde en marcharse, peor será para el Barça. Y esto es algo que la historia le demandará.

[Joan Maria Batlle en Sport]

Sólo Jan está preparado

Laporta no dimitirá. A pesar de que todas las fuerzas del entorno barcelonista se han aliado en su contra, el presidente seguirá gobernando el club hasta el 2010. Su único objetivo ahora es agotar el mandato y culminar un proyecto deportivo, institucional y económico en el que todavía cree y que todavía le ilusiona. No se trata de un pulso por mantenerse en el poder a cualquier precio, ni de seguir mandando por intereses ocultos, sino de ejercer la responsabilidad. Al Barça no le conviene iniciar ahora un proceso electoral. No existe ningún candidato preparado para presentar un modelo de club capaz de funcionar en un plazo de sólo dos meses. Ni siquiera Sandro Rosell. De hecho, el ex vicepresidente volverá a sus cuarteles de invierno a la espera de tiempos mejores. Como deberían hacer todos los eternos aspirantes si quieren que haya estabilidad.

No se trata de abogar por el pensamiento único, ni de renunciar a la crítica, al debate o a la opinión. Al contrario. Se trata de intentar acabar con el acoso y derribo al que ha sido sometido Laporta en los dos últimos años, durante los cuales sólo se han magnificado los errores pero no se ha dado el más mínimo crédito a los éxitos, que también los ha habido. El propio Oriol Giralt, promotor de la moción de censura, reconocía ayer que “esta junta debe tener ahora el apoyo de todos los socios”. El, que ha sido el brazo ejecutor del proceso, pide, en un acto de barcelonismo que le honra, que dejen gobernar con tranquilidad a este presidente los dos años que le quedan.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Actualización (14.00): el propio Lluis Mascaró acaba de anunciar en la web de Sport que Laporta dimitirá este jueves. El “Laporta no dimitirá” con el que abría Mascaró esta columna cobra ahora una nueva dimensión. ¿Se podrá calificar la renuncia como “un acto de barcelonismo que le honra? ¿Qué fue de aquello de “ejercer la responsabilidad”? ¿No contribuye esto a crear más “inestabilidad” que la moción de censura?

Jan no ha engañado a nadie

Cuando Joan Laporta habla ante las peñas del Barça, resulta que no lo hace como presidente, sino a título personal. Él dejándose en el club los mejores años de su vida y aún hay gente que no lo entiende. Menos mal que hoy nos lo explica una vez más Lluis Mascaró:

Ser del Barça no significa ser catalanista. Ni tan siquiera nacionalista. Y mucho menos independentista. Incluso se puede ser del Barça sin ser ciudadano de Catalunya. Culés, socios y no socios, los hay y muchos repartidos por España, por Europa y por el resto del mundo. Si de algo puede presumir el FC Barcelona es de universal y de integrador. Por eso el “Visca Catalunya lliure!” que Laporta gritó al final de su discurso en Olot no puede ni debe interpretarse como un ideario de club, sino como un posicionamiento personal del presidente. Laporta puede haber cometido muchos errores durante su gestión pero, políticamente, no ha engañado a nadie. Ya en la campaña electoral del 2003 dejó claro cuáles eran sus ideales y ha sido fiel a los mismos hasta hoy. Otra cosa es que este posicionamiento tan radical del presidente guste más o menos a un importante sector del barcelonismo. Y ahí radica el problema.

Política y fútbol nunca han conformado un cóctel demasiado acertado, pero todo buen culé sabe qué significa el Barça para muchos catalanes: la representación deportiva de una nación sin Estado. Seguro que un tanto por ciento muy elevado de los más de 160.000 socios actuales no comparten, hoy en día, estos valores que Laporta considera intrínsecos del barcelonismo. Por eso, dirigirse a las peñas –¿qué le pasa a Laporta cuando habla ante las peñas?– con este discurso independentista no resulta estratégicamente acertado cuando lo que se trata, presuntamente, es de captar adeptos en contra de la moción de censura uniendo sentimientos y no provocando polémicas innecesarias. Pero Laporta es, como él mismo reconoce, “tal com raja”. Y eso, a veces, molesta. Sobre todo si no se tiene en cuenta el alcance de según qué manifestaciones.

Al presidente del Barça –al actual y a cualquiera– debería juzgársele por su gestión deportiva, económica e institucional. Sin embargo, Laporta está consiguiendo que a él se le juzgue por su personalidad, por su carácter y por sus declaraciones y no por el estricto desempeño de su cargo. Un tremendo error que ya le está pasando factura. La crispación que provoca la figura de Laporta está tapando todos los éxitos que ha conseguido su junta directiva a lo largo de sus cinco años de mandato. Y eso tampoco es justo.

[Lluís Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

¡Jan, guapo, guapo, guapo!

Dentro de 48 horas sabremos si, por segunda vez en la centenaria historia del Barça, un presidente del club blaugrana debe someterse a una moción de censura. Hace diez años un joven abogado llamado Joan Laporta, bajo el manto mediático y económico del Elefant Blau, pudo reunir las firmas necesarias para obligar al todopoderoso Josep Lluís Núñez a acudir a las urnas. […] Este próximo jueves, Laporta puede ser pagado con la misma –y democrática– moneda, en el caso de que otro abogado –ni tan joven ni tan guapo, todo hay que decirlo– confirme que ha conseguido el apoyo de casi seis mil socios.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]