Artículos sobre Oda-a-Jan

Jan puede sentirse satisfecho

La pañolada del domingo en el Camp Nou no tiene nada que ver, nada, con la que hace cinco años desembocó en la destitución de Van Gaal, la dimisión de Gaspart y la convocatoria de elecciones anticipadas. Hace cinco años el club sufría una gravísima crisis deportiva, institucional, económica y social. La herida era muy profunda y los culés no podían soportar más la frenética pérdida de prestigio de la entidad y la vergonzosa gestión de un presidente que pasará a la historia como el peor de todos los tiempos. Ahora, la crisis se circunscribe a los malos resultados del equipo de fútbol en el último año y medio. Dieciocho meses en los que no se ha ganado nada y, lo que es peor, se ha dilapidado la ilusión por un proyecto que estaba llamado a convertirse en más triunfal que el Dream Team. Una gran diferencia…

Laporta y su junta directiva deben hacer autocrítica y reconocer las cosas que no se han hecho bien y, sobre todo, las que se han hecho muy mal. Especialmente, en lo que hace referencia a la falta de disciplina en un vestuario que se les ha escapado a todos de las manos. Pero el presidente puede sentirse satisfecho del vuelco total que ha experimentado el Barça durante su mandato, posicionándose como ‘més que un club’ en todo el mundo, proyectándose internacionalmente como una entidad solidaria y convirtiéndose en una sociedad económicamente saneada y con capacidad para generar nuevas fuentes de ingresos sin necesidad de vender la camiseta al mejor postor. Desgraciadamente, la gestión de un club de fútbol continúa valorándose, únicamente, por el marcador. Y en eso se ha fallado por culpa de una autocomplacencia que no supo ni detenerse a tiempo ni modificarse cuando se debía.

Eso es lo que criticaron los culés que sacaron pañuelos, bolsas de plástico y hasta trozos de periódico para mostrar su protesta. Una protesta que iba dirigida al campo, al banquillo y, por supuesto, al palco. A unos jugadores que se han acomodado y que cuando quieren ya no pueden. A un Rijkaard que ha perdido la poca credibilidad que le quedaba y que tiene los días contados. Y a una directiva que debe reflexionar profundamente sobre los pasos a seguir a partir de ahora porque no pueden equivocarse más. Las decisiones que se tomen este verano marcarán su legado.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Jan se ha jugado el pellejo por nosotros

Laporta lleva cuatro años y medio como presidente del Barça y nunca ha tenido que tomar una decisión deportiva traumática. El dirigente blaugrana ha dejado correr el balón y ha centrado todos sus esfuerzos en devolverle a la entidad el prestigio perdido durante el post-nuñismo. Ha saneado la economía, ha firmado grandes contratos comerciales y ha sido pionero del marketing solidario con el acuerdo con UNICEF. Incluso –y de eso muy pocos se acuerdan– ha llegado a poner en peligro su vida y la de su familia en su lucha contra los violentos, a los que ha expulsado para siempre del Camp Nou. Todos estos proyectos –y todos los que están relacionados con la Fundació FCBarcelona– los ha podido liderar porque estaba avalado por los éxitos del equipo de fútbol. Ningún socio le pedía a Laporta que bajara al vestuario porque no hacía falta. Pero ahora la situación ha sufrido un giro inesperado. El presidente debe tomar en los próximos días su primera gran decisión deportiva. Aquella que aparcó el pasado verano, cuando creyó en el propósito de enmienda de Ronaldinho y en las promesas de Rijkaard. Los dos le han defraudado y la continuidad de ambos en el mismo proyecto es totalmente inviable. Por eso, Laporta tiene que escoger.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Jan se está dejando la vida por el Barça

Este ha sido, sin duda, el peor año de los mejores años de su vida. Laporta y los componentes de su junta siempre han considerado un privilegio llevar las riendas del Barça. Y durante tres temporadas también había representado un placer porque casi todo salió bien: se enderezó el rumbo de la economía, se ganaron títulos y el club volvió a ser una referencia institucional y deportiva. Incluso los momentos complejos -–como la dimisión de Rosell, el ‘caso Echevarría’ o las pseudoelecciones del verano del 2006– se salvaron dignamente. Pero desde hace unos meses ser presidente o directivo ha dejado de ser un ‘chollo’. Han empezado a llover las críticas –unas justificadas y otras, la mayoría, no tanto– y algunos componentes del gobierno barcelonista se han tensionado. El fracaso deportivo del equipo de fútbol también ha significado un antes y un después en la vida de estos hombres que están robando horas a su trabajo y a su familia –porque quieren, eso sí– para dedicarlas al Barça. […] Ahora que Rijkaard ha descubierto un antídoto a la falta de imaginación futbolística llamado Iniesta, ahora que el equipo está empezando a reencontrarse a sí mismo, sólo queda esperar que también empiecen a llegar los triunfos importantes. Para que tanto los directivos del Barça como los aficionados volvamos a disfrutar de los mejores años de nuestra vida culé.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Jan lo hace de corazón

Como barcelonista me siento orgulloso de la labor que desempeña actualmente la Fundació FC Barcelona gracias a su acuerdo con UNICEF. El millón y medio de euros que ha destinado al programa de ayudas a Swazilandia, uno de los países más masacrados por el Sida, significa una fortuna que puede salvar muchas vidas y que, por encima de todo, aporta esperanza donde antes sólo existía desesperación. Crear escuelas para niños huérfanos y fomentar los planes de desarrollo deportivo de chavales que jugaban al fútbol con pelotas hechas de hojas de palmera no tiene nada que ver con la imagen frívola que muchos han querido dar de esta unión Barça-UNICEF. Los que han pretendido ver en el viaje de Laporta una maniobra propagandística se equivocan. Se puede estar a favor o en contra de la gestión deportiva, económica e institucional del presidente blaugrana, pero resulta perverso pensar que su foto dando de comer a un ‘negrito enfermo’ –como algunos la han calificado– forma parte de una campaña de imagen. Es una lástima que todavía exista gente cuya única misión sea malinterpretar todos los gestos que hace el máximo dirigente barcelonista, deformando la realidad. Hay cuestiones que están por encima de los egos personales y la vida de los niños es una de ellas. No juguemos con estas cosas, por favor.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Jan siempre confía en su gente

Rijkaard se esforzará al máximo para hacer que el Barça vuelva a ser campeón. Seguirá con rigor la política deportiva que se dicte desde el club. Intentará recuperar a Ronaldinho aunque sea a golpe de banquillo. Y se alegrará tanto de los triunfos como se cabreará por los fracasos. Porque, por encima de cualquier otra consideración, el técnico holandés le está muy agradecido a Laporta por la oportunidad que le dio hace más de cuatro años y por haber confiado siempre en él. Incluso cuando las cosas no han ido bien. Eso también forma parte del salario emocional.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]