Artículos sobre Oda-a-Jan

Rijkaard, un acierto de Jan

Pocos confiaban en Rijkaard cuando Laporta, bien aconsejado por Cruyff, lo trajo casi por sorpresa para ponerlo al frente del vestuario. Y aún menos, cuando, a mitad de la primera temporada, se pedía, desde fuera y desde dentro, su destitución. Pero el presidente aguantó la embestida y acertó. El resto de la historia ya la conocemos. El club blaugrana ha entrado en un ciclo victorioso del que no debería salir tan precipitadamente como algunos anuncian.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Somos inimitables

[Ramón Calderón] ahora dice que su objetivo es imitar la revolución que llevó a cabo Laporta. ¡Como si eso fuera tan fácil! Calderón debería saber que hay cosas que ni los chinos pueden copiar. Una de ellas es, sin duda, este Barça construido a base de inteligencia, trabajo, compromiso y unas dosis de fortuna. Que lo intente si quiere…

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

PD-¿Dónde lo “dice”?

Agradecidos a Jan

Muchas veces se ha denunciado esta lacra de la sociedad moderna. La violencia gratuita que generan los grupos radicales ya no tiene nada que ver con el fútbol ni con las rivalidades deportivas. Es un grave problema que las autoridades políticas y policiales deben asumir como una prioridad. También los clubs. No hay que dar cobijo a estos criminales. Y mucho menos incentivarlos. Por eso, a Laporta siempre se le recordará como el presidente que echó a estos indeseables del Camp Nou. Fue uno de sus grandes objetivos tras ganar las elecciones y su primera gran victoria. Un triunfo que pagó caro. Las amenazas de muerte que sufrieron él y su familia fueron una constante hasta que se desactivó una oscura trama que pretendía atentar contra su integridad física. El barcelonismo nunca podrá agradecerle lo suficiente este servicio al club y a la ciudad.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

Jan no es Gaspart

Dicen que el Barça está en crisis. ¿Qué crisis?. Es líder en solitario en la Liga, está en los octavos de final de la Champions y en los cuartos de la Copa del Rey. No juega bien, es verdad. Ronaldinho y Deco están en baja forma, también es cierto. Pero los blaugrana mantienen intactas sus opciones […] Utilizar ahora la palabra crisis es una exageración. Los culés sabemos lo que son las crisis de verdad. Como la que atravesamos durante el mandato de Gaspart. Es evidente que la situación actual es incomparable con la de hace cuatro años. Ni deportiva, ni institucional, ni económicamente. (Por cierto, ayer Soriano presentó el balance de los seis primeros meses de la campaña y arroja un saldo positivo de 9 millones de euros…). Me parece injusto cuestionar este proyecto por los últimos siete partidos.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]

¡Cómo se atreven a pitar al equipo que ha construido Jan!

Me disgusta la escasa, por no decir nula, memoria histórica de la que hacen gala algunas personas. Una memoria que, además, acostumbra a ser selectiva: se acuerdan sólo de lo que les conviene. Viene a cuento esta reflexión tras los pitos que se oyeron el domingo por la noche en el Camp Nou. No estoy diciendo que los socios y aficionados –que son soberanos en sus decisiones– no tengan derecho a expresar su disconformidad con el juego del equipo como mejor les plazca, pero me parece que todavía es muy pronto para estas manifestaciones de protesta. Con un Barça líder y campeón de invierno considero que este proyecto deportivo se merece más crédito del que se le está dando en estos momentos. Es evidente que después de dos años y medio de fútbol glorioso, a todos nos sabe a poco lo que nos está ofreciendo el conjunto de Rijkaard en estos cinco primeros meses de la temporada. Nos hemos acostumbrado al caviar de importación y cuando nos dan mortadela de la charcutería de la esquina protestamos. Tenemos el morro tan fino que, además de ganar, exigimos espectáculo. Y eso no siempre es posible. Es en situaciones como ésta cuando habría que echar la vista atrás y recordar lo mal que lo pasábamos hace sólo cuatro años, cuando el club perdía, además de partidos, demasiado prestigio y dinero.

[Lluis Mascaró, la voz de su amo, en Sport]