Artículos sobre Pep Guardiola

Las renovaciones de Guardiola

Estaba yo al teléfono, pinchado para iniciar la sección semanal de La Libreta en Radioestadio, cuando Thiago marcó en Vallecas el enésimo gol del Barça y lo celebró de forma un tanto cómica junto a Dani Alves. Recordé entonces aquel artículo en el que Francesc Aguilar nos explicó en ‘Mundo Deportivo’ que eso de los bailecitos no iba con el Barça ni con su forma de entender el fútbol, a diferencia de lo que sucede en el Madrid. Ahora que está tan de moda hablar de valores, ya sea para presumir de los propios o para restregar la ausencia de los ajenos, tuvo que aparecer en escena Carles Puyol para demostrar a más de uno que ciertas cosas van con las personas y su educación, no vienen de serie con una camiseta de determinados colores.

Con el bailecito comenzamos, decía, nuestra sección semanal, más veloz que de costumbre, en la que hemos repasado ampliamente las numerosas renovaciones que Guardiola ha estado a punto de anunciar y firmar en los últimos meses. Pese a comunicar al club que no seguiría a “finales de octubre o principios de noviembre”, según confesión del propio Guardiola, desde entonces hemos leído decenas de artículos anunciando una renovación “inminente” y “al caer”. Y en algunos casos, incluso, vaticinando que Guardiola no dejaría “tirado” al club. Una lectura que esos mismos medios no han hecho estos días.

Periodistas y lectores

Cada vez que se decreta un silenzio stampa, los periodistas nos rasgamos las vestiduras. Es una reacción natural, irreprimible. Nos escandalizamos durante un rato, agitamos los brazos, nos desahogamos… Y acto seguido adoptamos un gesto distante, como si la cosa no fuera con nosotros, y apelamos al lector. Es una suerte de despecho: Mourinho no nos planta a nosotros, planta a los seguidores del Madrid. Y en el fondo es cierto, pero muy en el fondo, y con un matiz: al aficionado le suele dar igual si los jugadores o el entrenador hablan o dejan de hablar. No sé si ignorar esta despreocupación forma parte de una tendencia del periodista al autoengaño o se trata de un mero desconocimiento del lector, sus intereses e inquietudes.

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FC Burka

En una escena de la película Nueve Reinas, Ricardo Darín pregunta a Gastón Pauls por cuánto dinero cogería -mantendría relaciones sexuales- con un hombre. Va poniendo sobre la mesa servilletas que simulan fajos de billetes imaginarios hasta que el interpelado empieza a poner ojitos. “¿Lo ves? En este país sobran putos, lo que faltan son financistas”. El Barcelona ha tardado 111 años en encontrar quien pusiera la pasta, pero al final se ha dejado coger por los qataríes porque, como dice el refrán, “entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero”.

Todo el mundo tiene un precio y el del Barça es 165 millones de euros. Ayer, en un ejercicio de democracia nunca visto en Qatar, los socios azulgranas se arrodillaron para rezar a los petrodólares. […] Los socios picaron y votaron ‘sí’ a lucir en su camiseta la publicidad de un régimen que hace con los derechos humanos lo mismo que Messi con la pelota: lo que le da la gana.

“Votaré sí, porque lo dice Pep y lo que dice Pep va a misa”, fue el corolario de uno de los socios que habló libremente en la Asamblea, algo que no habría podido hacer en Qatar. Guardiola es el Mahoma del barcelonismo. Gracias a la palabra revelada por el Ayatolá Pep, el FC Barça se ha convertido en el FC Burka. Al viejo ¡hala, Madrid!, los culés enfrentarán desde ahora el ¡Alá, Barça!

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Todos los hombres del presidente

Puede que una provocación verbal no justifique una determinada reacción física pero sin duda ayuda a contextualizarla. Es evidente que José Mourinho se equivocó con su acto reflejo voluntario ante Tito Vilanova. El entrenador portugués se dejó agitar por la adrenalina, y las bravatas rivales, y el enfado le pudo con un gesto prescindible en medio de una tangana totalmente absurda.

Sin embargo, resultan paradójicas las diferentes e hipócritas varas de medir que se aplican para dimensionar los hechos futbolísticos en función de quien sea el protagonista de los mismos. Si es Mourinho el que comete un error, la hipersensiblidad se eleva a cotas cercanas al Everest y lo ocurrido se sitúa en la categoría de una catástrofe nuclear o una amenaza DEFCON 1. En cambio, si es alguien como Pep el que intenta pegarse con un entrenador rival en un encuentro de Champions League, o llama mentiroso a un árbitro, o vacila a Cristiano Ronaldo negándole el balón en mitad de un partido, o rompe el cristal de un banquillo a codazos, la volatilidad de la polémica es acompañada de coros celestiales. [Nota del editor: salvo que haya algún episodio que no recuerdo, creo quien rompió el cristal de un banquillo fue el predecesor de Guardiola, Frank Rijkaard]

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Pelagatos de conciencia sucia

Cuando uno ha nacido Caperucita roja nunca podrá ser el lobo feroz. Con esfuerzo y las dosis adecuadas de indignación, podrá llegar a ser una Caperucita chillona y con la vena del cuello como la Patiño. […] Sandrusco [Rosell] es un buen vicepresidente pero es un mal actor. En su intento por ejercer de indignao, recuerda mucho a Zapatero cuando dice que estamos saliendo de la crisis: no hay quien le crea. Rosell es un flojo, un mindundi, un chisgarabís, un pelagatos, un pocacosa. Ser el poli malo sencillamente no le pega.

[…] Rosell es obediente con el president Guardiola, por eso salió a decir lo que le habían dicho que dijera. En el sainete culé, Pep es José Luis Moreno y Sandro, Monchito. Si hubiera una foto de la rueda de prensa tomada desde atrás, se vería el brazo incorrupto del hijo preferido de Sampedor manejando la tramoya. Lo peor es que es un hámster que se ha metido en una pelea entre un tigre y un león.

Su mensaje es impostado y tibio. La amenaza contra el Madrid es de patio de colegio: “Si seguís así, no os ajunto”. Canta su indignación con falsete, como un tema de los Bee-Gees, y su defensa de los valores del Barça es tan sólida como la zaga del Atleti. Proclama su inocencia sin convicción, como quien se siente culpable. Si a mí me llaman ladrón y no he robado, cojo el micro y le pongo a quien sea mirando para Setúbal por muy Mourinho que se llame. Pero puede que no sea tan fácil tener un mensaje claro cuando se tiene la conciencia sucia.

[Miguel Serrano en ‘Marca’]